martes, 15 de febrero de 2011

PALABRAS PARA EL BIENESTAR


Índice

Agradecimientos

Introducción

1. ¿Eres feliz?

2. Te observas

3. Eres responsable de ti

4.Eres alegre. Ríes como un niño

5.Eres optimista. Piensas y dices buenas
palabras

6.Tienes ilusiones y proyectos

7. No juzgas

8. Sabes perdonar

9. Te quieres

10. Das y recibes amor

11. Tienes éxito

12. Estás sereno

13. Aprendes del dolor

14. Estás a salvo

15. El universo está contigo

16. Vives el ahora. te encuentras con tu ser

Epílogo

Bibliografía.
TEXTO DE CONTRACUBIERTA

Palabras para el bienestar es el relato de un recorrido hacia el equilibrio, a través de las palabras y de la propia vida. Su autora describe un camino hacia la armonía y el encuentro con uno mismo para salir de ese estado inerte de pseudofelicidad teñida de desasosiego, sembrada de días felices de alegría sin razón y de días sombríos de tristeza sin significado. En tal caso, sólo hay una dirección, que conduce al aprendizaje y al amor: el viaje hacia el interior de ti mismo. Un trayecto que cuesta emprender, y para el que no se reserva pasaje, pero que, una vez iniciado, complace y compensa mucho más de lo que jamás se hubiera imaginado.


INTRODUCCIÓN

“Existe al menos un rincón del universo que, con toda seguridad, puedes mejorar, y eres tú mismo”. (Aldous Huxley)

Si has decidido viajar dentro de ti, estarás comprobando que tu vida experimenta un gran cambio. Es un viaje para el que no habías sacado pasaje y que, sin embargo, te está complaciendo mucho más de lo que jamás hubieras imaginado; un trayecto nuevo, maravilloso, gratificante y esperanzador, sobre todo esperanzador.

Tal vez tu retina haya recorrido ya páginas y páginas llenas de sabias palabras, que te han transmitido paz e ilusión. Seguro que te apasiona pasar las hojas para hallar nuevos datos, que den mayor sentido a tu vida; estás ávido de sabiduría. Deseas ser quien eres, valiente, bueno, auténtico, y mostrarte tal cual ante los demás.

Me pregunto por qué experimentas una sensación tan placentera al emprender un nuevo rumbo, en el que tratas de desprenderte de todo lo superfluo, de todo prejuicio. Tal vez sea que ese bienestar es síntoma inequívoco de una vida en verdadera libertad. Quizá sea que te has encontrado, cara a cara, con tu poder.

Las emociones que se han ido agolpando en mí durante la búsqueda de mi propio ser me han animado a escribir sobre ello. Palabras para el bienestar, este libro que has decidido leer, ha sido un aliado para continuar mi recorrido y confío en que lo sea también para ti, si mis reflexiones pueden ayudarte. Te recomiendo que lo leas pausadamente, dado que en él he condensado varios años de aprendizaje, tratando de que nada de lo más relevante quedara oculto, intentando que lo que a mí me haya servido, sea igualmente válido para ti. Ese es mi deseo.

ALGUNOS ENTRESACADOS DEL LIBRO:

Del capítulo 1. ¿Eres feliz?

Una vez que estás dispuesto a “trabajarte”, tan solo con el hecho de proponértelo, comienzas a soltar negatividad y, a la vez, a desprender tanta energía positiva que va alcanzando a quienes quieren contagiarse de ella y, por otra parte, alejando de ti a los que no desean comprometerse a participar en este gratificante juego.

Sin embargo, el descubrimiento de esa nueva manera de abordar la existencia, que te conducirá a la plenitud, no se produce de la noche a la mañana. Requiere un aprendizaje continuo, que describo en las siguientes fases:

1. Sorpresa I: nada o muy poco de lo que veía es como es.
2. Euforia: esto es la panacea. Tengo la llave de la felicidad.
3. Calma I: comprendo que debo trabajar mi interior. Me observo.
4. Calma II: comprendo que debo observar a los demás. Observar, no juzgar.
5. Diversión: soy un espectador de mí mismo y de mis relaciones con los demás.
6. Tranquilidad: aprendo a dominar las situaciones. Me autocontrolo.
7. Sorpresa II: sé mucho menos de lo que pensaba. Aprendo segundo a segundo.
8. Búsqueda profunda y sosegada: acepto la realidad. He aprendido a no rebelarme ante el dolor. Advierto que aún me queda mucho por aprender. Tengo toda la vida para aprender. Descubro que, como dijo Gregorio de Nisa, lo mejor de la búsqueda es la búsqueda en sí misma.
Estoy adiestrándome para ser feliz. Es un destino al que estoy llegando mientras recorro el propio camino.

Del capítulo 2. Te observas

Debemos “perder” tiempo en observarnos: qué es lo que pensamos, cómo nos alimentamos, cómo nos relacionamos con los demás, cómo reaccionamos ante diferentes situaciones, cómo nos cuidamos o nos descuidamos psíquica y físicamente. Del análisis continuo, pausado, relajado y razonado, obtendremos toda la información que precisamos para hacer más agradable y plena nuestra vida, para recuperar la libertad y la felicidad con la que nacimos, que hemos ido aniquilando paulatinamente.
Es esencial detenerse, por ejemplo, en cosas tan sencillas como la manera en que respiramos, si lo hacemos de forma natural o agitada; comprobar si estamos tensos o relajados; si nuestras mandíbulas están apretadas o sueltas; si sentimos que va a estallar nuestra cabeza o si no hay presión alguna en ella; si nuestro pecho está contraído o distendido, si lo que estamos pensando tiene carácter negativo, si lo que decimos nos hace daño o lastima a terceras personas. En momentos de agitación, de nerviosismo, por ejemplo, sólo con observarnos y realizar la respiración de una manera consciente…, baja la tensión.

Del capítulo 3. Eres responsable de ti

La queja limita la acción. En lugar de quejarnos de las actitudes ajenas, deberíamos gastar (ganar) nuestras energías en rectificar nuestros errores y en marcar nuestro espacio. Aparcaríamos, de una vez por todas, esa postura de mártires que nos ha hecho lamentarnos toda la vida de nuestras desgracias, de nuestros males y desaciertos. Dejaríamos de molestar a nuestros semejantes con nuestros lamentos y congojas, porque implicar a los demás en nuestras “desgracias” es una actitud pueril y egoísta. Nos pondríamos manos a la obra para remediar todo lo que hasta ahora nos parecía irremediable. Ya no daríamos pena, no causaríamos enfado. Y, lo más importante, observaríamos que sólo es necesario mirar hacia adentro para hallar nuestra fuente inagotable de poder. No seríamos víctimas de nadie, sino dueños de nosotros mismos. No hay paralelismo entre victimismo y responsabilidad, no pueden alinearse jamás.

Del capítulo 4. Eres alegre. Ríes como un niño

Es fundamental no tomar las cosas demasiado en serio. No es cuestión de pasarlo todo por alto o de mofarse de la vida; tampoco de caer en la socarronería, ni en el otro extremo, el de la simplicidad, pero no está nada mal arriesgarse de vez en cuando, marcarse un cómico paso de baile sin música de fondo, soltar una risotada sin que responda a un chiste, atreverse a ser surrealista en un mundo tan realista.

El humor es la fiesta de la lucidez. ¿Puede haber algo más inteligente y divertido que reírse hasta de uno mismo? ¿Puede haber algo más eficaz que poner buena cara ante una situación complicada, en la que ya no queda otra solución? ¿Puede existir un mejor método de limar aristas, de evitar malentendidos, de girar drásticamente el rumbo de un desencuentro? No. De ninguna manera. No se puede buscar una mejor forma de poner paz donde no la había, ni siquiera el mejor de los discursos tiene la potencia de una sonrisa a tiempo, y muy probablemente tenga estos efectos porque está asociada a la espontaneidad y a la transparencia, esas dos mágicas actitudes que hacen que todo se dirija hacia la verdad.

Del capítulo 5. Eres optimista. Dices y piensas buenas palabras

Considero que hay dos palabras fundamentales para encontrar el equilibrio: reenfocar y relativizar. La primera lleva implícita una gran carga de observación y rectificación de nuestras acciones. Es preciso reenfocar nuestra vida constantemente; nos hace falta a diario. La segunda palabra, relativizar, ayuda a no exagerar la trascendencia de los acontecimientos que pudieran parecernos negativos y también permite que todo discurra sin sobresaltos.
En ambos conceptos juega un papel importantísimo el optimismo. Todos hemos pasado por estados de optimismo y de pesimismo, lo importante es saber en la situación en la que nos encontramos, tener conocimiento de uno mismo. Personalmente, distingo si estoy con un pesimista porque cuando le escucho me suceden ciertas cosas:

- Se me encoge el estómago.
- Me aburro soberanamente.
- Quiero escapar a otra parte.
En compañía de un optimista, por el contrario:
- La sonrisa florece en mí.
- Me divierto con cada uno de sus comentarios.
- Me cuesta irme de su lado.
Cada uno de nosotros tenemos dentro un pesimista y un optimista; es cuestión de elegir con cual de los dos queremos convivir.

Del capítulo 6. Tienes ilusiones y proyectos

Lo más efectivo es ponerle filtros a tu mente para que pase lo más puro, lo mejor, incluso de lo peor, pasar nuestro tiempo en el planeta tierra siendo lo que realmente deseamos ser.
Es necesario preguntarnos eso precisamente: ¿Qué queremos ser? ¿Qué deseamos hacer? ¿Cuáles son nuestros objetivos vitales? ¿Ciframos nuestra felicidad en lo que menos felices nos hace? ¿Decimos no tener tiempo para hacer lo que realmente nos gusta? ¿Es eso cierto? ¿O no son más que excusas y excusas para no movernos? Las respuestas a estas preguntas le darán el verdadero sentido a nuestra vida, porque, tal y como expresó Goethe: "Una vida sin propósito es una muerte prematura”.
Y, una vez que conocemos nuestro fin (puede ser simplemente y nada menos que el de VIVIR), comienza la otra fase, aquella en la que nos cuesta trabajo llevar a cabo nuestros sueños, quizá por nuestras inseguridades, tal vez por miedo al fracaso o, probablemente, por esa pereza que nos impide traerlos a nuestro escenario. Primero hay que desearlos, después visualizarlos, pensar en ellos como si ya se estuvieran materializando y, por último, realizarlos. El cumplimiento de las anteriores premisas requiere que te hayas convertido en un ser humano del que te sientas orgulloso, consecuente con tus pensamientos y tus actos.

Del capítulo 7. No juzgas

No creo en los buenos, buenos, ni en los malos, malos. Lo que sí he podido comprobar es que hay dos tipos de personas que pueden llegar a actuar con crueldad con sus semejantes: los tremendamente inseguros y los que han perdido la cordura. “Odia al delito, compadece al delincuente”, se lee en las paredes de la cárcel; condena la actitud, no a las personas, porque, si realmente estás en desacuerdo con el comportamiento ajeno, piensa que tú podrías actuar de la misma manera si hubieras nacido en su lugar, si te hubieras relacionado con la misma gente y si te hubieran sucedido los mismos acontecimientos. Estamos hechos de la misma masa. Tú estabas aquí, pero podías haber estado ahí, simplemente.

Del capítulo 8. Sabes perdonar

El perdón es una de las más bellas formas de avenirse con el cosmos. Proporciona un descanso que va más allá de la mente y del cuerpo, ya que mediante el perdón se produce un encuentro con el “yo” más profundo. El cuerpo experimenta una sensación de placidez, de relajación, que había perdido al permanecer oprimido por la mente. La mente mantenía encerrado al cuerpo en su cárcel de resentimiento e ira, le estaba conduciendo hacia una precaria salud. Y, entre una y otro, mente y cuerpo, quedaba atrapada la esencia, la bondad, el ser. La puerta del alma se abre con el perdón, elimina sus candados y deja pasar así toda clase de plácidas sensaciones.
“Perdono, pero no olvido”, se suele decir, que, en realidad, significa: “digo que perdono, pero no perdono”. Quien habla así suele llevar impresa en su rostro la señal de la tensión, del bloqueo y de la frustración. No se puede perdonar a medias, para perdonar hay que desterrar todo rencor.

Del capítulo 9. Te quieres

Tú eres tu mejor amigo, pero, antes de saber que lo eres, probablemente te hayas encerrado en tu temeroso espacio sin salida o, por el contrario, hayas tratado de agradar sistemáticamente a tus semejantes, con el fin primordial de que te concedieran su cariño y su aprobación; seguro que habrás comprobado también que raramente lo conseguías de esta manera; a duras penas, ibas recogiendo un rastro de migajas de compasión; esperabas, erróneamente, encontrar tu felicidad en la respuesta de otras personas. Por el contrario, cuando hayas sido capaz de sentirte válido, apto para quererte y digno de ser querido, el afecto y la atención de tus semejantes te habrá llegado sin forzar situación alguna, sin esfuerzo, simplemente siendo tú mismo.
Quererse no implica dejar de hacerlo con los demás. No es necesario elegir entre el amor hacia uno y hacia tus semejantes, sino que son dos hechos encadenados. Primero te conoces y aprendes a quererte, a ser respetado y, después, vas comprobando que ese “cariño propio” actúa como una especie de imán que atrae el de otras personas, incluso el de aquellas de las que jamás hubieras esperado nada.

Capítulo 10. Das y recibes amor

Es una evidencia que el mundo está hambriento de amor, pero nos cuesta darlo, a veces, incluso, nos cuesta recibirlo. Nos “comemos” el calor que podríamos repartir, en unas ocasiones por timidez, en otras por prejuicios. Para comprobar que esto es así, sólo hay que pasear por una gran ciudad, donde todos cuantos caminan a tu lado parecen tener prisa y preocupaciones, cada uno va a lo suyo, como si nada tuvieran que ver unos humanos con otros. A nadie se nos escapan, por ejemplo, las miradas huidizas cuando viajamos en cualquier medio de transporte en el que hemos de estar a un palmo de personas desconocidas; cuando, casualmente, se cruzan las miradas, el cambio de dirección de los ojos es instantáneo. Seguro que todo sería más fácil si aguantáramos la mirada; probablemente, ese instante de conexión, de intercambio con un “extraño” podría acercar los mundos de personas necesitadas de afecto. Cuantas más muestras de amor somos capaces de dar, mayor capacidad tendremos para llegar a ese maravilloso estadio en el que vemos a los demás no como rivales, sino como iguales a nosotros, tan sólo con diferentes opiniones sobre un hecho, cada uno con su razón concreta sobre una amplia, infinita y universal realidad.
Sólo el amor y el respeto nos hacen realmente libres y felices, porque, teniéndolos como constantes en nuestra vida, seguro que nos querremos más, los demás nos apreciarán, querremos más a nuestros semejantes, tendremos más salud, nuestros pensamientos serán más limpios, gozaremos de mejor aspecto, dormiremos plácidamente, despertaremos con alegría, tendremos entusiasmo por la vida, desearemos aprender permanentemente y nos comunicamos con nuestros semejantes cordialmente.

Del capítulo 11. Tienes éxito

Tener éxito es luchar por lo que uno quiere; vivir de la forma que a uno le hace más feliz, amar sinceramente, elegir a tus amigos, por eso, porque son amigos, vivir con quien deseas, por eso, porque lo deseas, y desarrollar tu talento, dirigiéndolo a lo que más te satisface.
Tener éxito es despertar a la vida y llegar a ser quien quieres ser. Y para ello es necesario trazar una dirección, dejar de vagar por calles desconocidas. Aquel que no sabe a dónde se dirige, normalmente no llega a ningún lugar.
Y el mayor éxito es mostrarse como se es, sin estrategias ni reservas, dejando a un lado lo superfluo y concentrándose en lo esencial. Cuanto más auténtico y transparente me muestro, más estaré arriesgando en este mundo en el que disfrazarse y exhibirse tiene tanto “valor”, y cuantos más seamos los que queremos vivir de esa manera, más contribuiremos a lograr un éxito global y a que la balanza que pesa la grandeza y la penuria del mundo se incline hacia la parte de lo que verdaderamente importa.
El verdadero éxito es mirar a la vida con alegría; dar los buenos días al día, agradecer lo que te va a proporcionar; relacionarte con los que te rodean sin conflictos, reírte con tus amigos hasta que te duelan las mandíbulas.
Éxito es tener ilusión por emprender nuevos proyectos, por desarrollar tus habilidades, tu talento escondido.
Tener éxito es poder encontrarte con tus seres queridos, simplemente para caminar junto a ellos.
Tener éxito es tener salud. Esto es un gran éxito y una gran suerte, aunque a veces esa “suerte” dependa notablemente de la manera en la que nos hayamos tratado física y emocionalmente.
Y un ser humano con éxito, por supuesto, es el que ha descubierto su interior y eso le lleva a ser mejor persona.Es un éxito también hallar en el recorrido a seres humanos que buscan lo mismo que tú, compartir tus sensaciones y comunicarte con ellos, generando, entre todos, toneladas de energía positiva.
Gozar de éxito es haber descubierto todo esto y poder mostrarles a tus hijos que es mejor ser que tener, dar que recibir. Es un logro otorgar esta inmensa herencia a los que te siguen, porque así les estás marcando el camino de la felicidad.


Del capítulo 12. Estás sereno

En este mundo agitado que hemos creado entre todos, a veces entraña más dificultad estar tranquilo, contemplando la naturaleza, por ejemplo, por unos instantes, que ansioso; estamos tan habituados a la actividad que, cuando llega el momento de parar, porque así toca (vacaciones, fines de semana, días sin compromisos) nos sentimos desubicados, e incluso impacientes y agotados. Para que esto no nos suceda debemos aprender a manejar nuestros pensamientos, a no dejarnos llevar por ellos, que son los que, a fin de cuentas, nos conducen a esa desazón.
Existen técnicas de ayuda, como la relajación, la meditación, el yoga y la visualización, cuya práctica mantiene la mente fresca, “desinfectada” de pensamientos repetitivos, que van de acá para allá, que no paran, que no se centran, que se enlazan entre sí y forman un auténtico laberinto en nuestro cerebro. De ahí la importancia de vivir aquí y ahora, y no allá y después, de aparcar esos pensamientos que viajan en el tiempo.

Del capítulo 13. Aprendes del dolor

Al percibir la vida de una forma positiva y sus experiencias como un manual de instrucciones permanente no desaparecen radicalmente los momentos de malestar, pero lo que sí sucede es que ese malestar cada vez dura menos, se van reduciendo los periodos de tristeza, de desazón, hasta casi disiparse, porque, poco a poco, con serenidad y comprensión, siempre hay una explicación, un motivo y una salida eficaz para todo.
“-Fracasar no existe, en cada fracaso, cambiamos de camino.
-Para llegar a lo que eres, debes ir por donde no eres.
-Llegar a ser lo que uno es, es la más grande felicidad”.

(Alejandro Jodorowsky)
Aquello que más nos ata al sufrimiento son las expectativas basadas en nuestros deseos no realistas. No hay nada que nos haga penar más que esperar algo que no está en nuestras manos conseguir. La aceptación (no la apatía) de lo que te sucede es fundamental para evitar el desconsuelo. No te empeñes en que tu vida se desarrolle como esperas, porque nada sucede por casualidad, por muy incomprensible y descorazonador que te parezca. No podemos cambiar el proceder ajeno, pero sí el nuestro, y si llegas a comprender cuál es la lección que te quedaba por aprender, verás qué pronto sucede ese milagro que esperas, aunque el resultado no sea el que deseabas inicialmente, sino el que necesitas. No te preguntes por qué te está sucediendo eso que tanto te duele, sino para qué.

Del capítulo 14. Estás a salvo

En el germen de cualquier conflicto se esconde el miedo a la pérdida de salud y bienestar, ya sea tuyo o de los tuyos. Tenemos miedo también a no tener razón, a no ser los mejores, a no poder con nuestras propias circunstancias, tememos a lo incierto, a lo que nos puede suceder, sin que esté bajo nuestro dominio. El miedo paraliza la acción y esconde lo mejor que tenemos.
¿Y qué hacemos para que se aleje el miedo? En primer lugar, aceptarlo como una de nuestras emociones y después tratar de aprender lo que se desprende de él, transformarlo para nuestro interés. Podemos, por ejemplo, dialogar con nuestros miedos, preguntarles qué quieren de nosotros, asumir que están ahí y tener la certeza de que la mejor forma de evitar su mala influencia consiste en proponernos, de una vez por todas, a vivir el ahora; dejar de proyectar torpemente nuestros errores y frustraciones del pasado en el futuro.

Del capítulo 15. El universo está contigo

En determinados momentos nos asola un temor a no se sabe muy bien qué, se entrecruzan en nuestra mente diversas aflicciones, que seguro pertenecen a lo que fue o a lo que será; estamos en tierra de nadie, con la sensación de no contar con la solución adecuada a nada, y anidamos en esa ineficaz situación, perdiendo en ello las fuerzas que necesitamos para cumplir nuestros objetivos.
Cuando parece que la vida te dirige y no tú a ella, cuando estás en uno de esos días en los que piensas “¿Qué pinto yo aquí?” o “Esto no tiene solución” trata de aceptar todo tal y como es, no te rebeles a tu realidad, y nunca pierdas la esperanza, porque lo que haya de pasar…pasará, y eso será lo que más te conviene.
Permite que tu vida se desarrolle sin forcejear con ella; deja a un lado la precipitación y la impaciencia y acógete a la confianza. Tal vez la confianza lleve implícita cierta inseguridad, la que te recuerda que no estás llevando, en una situación crítica (en la que más necesitas echar mano de la confianza) las riendas de tu vida, pero lo cierto es que la esperanza abre tu capacidad para discernir, comprender e intuir lo que honesta e inteligentemente más te conviene.

Capítulo 16. Vives el ahora. Te encuentras con tu ser

Desde que das contigo te sorprende la luminosidad del día, todo lo que te aporta estar al corriente de ti, el porqué de cada suceso y el atractivo de todo cuanto te envuelve. Te sientes bien en tu piel. Sientes con más intensidad; inviertes el tiempo en cosas mucho más bellas. Aquel día en que comienzas la búsqueda te marcas un nuevo punto de partida y ya no deseas abandonarlo; te ocurren pequeños milagros, te asombras de las lecciones que aprendes a cada instante.
Descubres que la autenticidad es la única verdad, que es lo que te permite encontrar a Dios dentro de ti, porque uno logra su propia libertad interiormente. De nada vale para ese propósito lo que suceda en el exterior. No influyen en ello los cambios de amistades, de pareja, de ciudad, de lugar de trabajo o de ocio, los viajes aquí o allá, las aventuras ni los riesgos a los que te expones para experimentar nuevas sensaciones, en los que puede incluso peligrar tu integridad física. Todo es inútil para este fin. La libertad procede de dentro. Te haces libre si quieres y te encierras en tu propia cárcel si así lo deseas o, mejor dicho, si no te provees de herramientas para ir limando los barrotes que te retienen.
La libertad interior te lleva al encuentro contigo, a la lucidez, a ese estado de percepción equilibrada del universo al que sólo accedes cuando te liberas de tu parte tirana. Cada hecho de tu vida te presenta la posibilidad de transformarte y de ofrecer lo aprendido. Y, sin proponértelo, eres capaz de inspirar y mover en los otros lo mejor que atesoran, porque tu seguridad, tu valentía y tu honradez tienen un poder inconmensurable e infinito sobre tu entorno.

Concha Barbero
Palabras para el Bienestar
Ediciones Obelisco, 2007
96 páginas.

Puede adquirirse en:
-El jardín del libro.
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Ediciones Obelisco
-Cualquier librería.